lunes, 29 de mayo de 2017

Francisco nombra cinco cardenales para repensar la humildad

Felipe Monroy / WordPress
No se puede ser más directo. El mensaje enviado por el papa Francisco con la sorpresiva creación de cinco cardenales este 21 de mayo es repensar la humildad que deben exigirse todas las estructuras católicas, incluida aquella compuesta por quienes la tradición ha llamado “los príncipes de la Iglesia”.


Vamos por partes. En principio, el Colegio de Cardenales es una estructura exclusivamente al servicio del Papa. Al leer detalladamente los diez artículos del Código de Derecho Canónico que explican su conformación y su horizonte de funciones es claro que pertenecer a dicho colegio implica más una serie de servicios, responsabilidades y obligaciones, pero realmente pocos privilegios. Es más, las ‘potestades’ conferidas están pensadas básicamente para dar servicios especiales al Papa, como aquella de estar exentos a la potestad de los obispos cuando se encuentran en territorio de estos (un obispo o sacerdote, por el contrario, al estar en territorio de otro obispo debe respetar y someterse al régimen del titular territorial; regulación a la que no están sujetos los cardenales).

Sin embargo, la singularidad de los servicios (como el elegir de entre ellos al Papa) y estos particulares privilegios canónicos crearon, entre la grey y la cultura occidental, una idea casi absoluta sobre los cardenales: su dignidad púrpura representa el más alto escalafón de privilegio en la estructura católica y, por ello, sus miembros debían provenir de diócesis de abolengo, de grandes urbes, de gran notoriedad internacional.

Bien dicen que en la cuna se bebe la tradición; y para la Iglesia católica, la tradición de la cuna cardenalicia parecía inalterable. Las reglas no escritas para integrar a los purpurados del Papa parecían ley absoluta en la práctica; tanto, que prácticamente había una ruta indispensable que debían cumplir los ministros antes de elegidos: la cercanía con Roma (por vecindad o formación), donaire en los ministerios asignados y, principalmente, la fuerte representación de una sede metropolitana, patriarcado o  linaje histórico que los respaldara.

Pero Jorge Mario Bergoglio dio muestras de un cambio sustancial desde los primeros cardenales que creó en 2014: obispos de las periferias no de las grandes ciudades económicas y políticas del mundo; pastores de comunidades católicas del hemisferio sur y de las tierras que, alguna vez, fueron arrasadas por el colonialismo europeo en África, Asia, Centroamérica o el Caribe.

El papa Francisco inició una tendencia para elegir cardenales de los rincones menos esperados del orbe: países que la mayoría de la gente desconoce siquiera dónde se encuentran, localidades sin prosapia ni poderío de ninguna especie, comunidades católicas que nunca hubieron tenido un cardenal y nunca lo hubieron imaginado. Pero, a juicio del pontífice, lugares cuyo ejemplo de vitalidad cristiana algo tiene que decirle al mundo y al avejentado corazón romano.

Los últimos cinco purpurados de Bergoglio continúan esta lógica: El Salvador, Suecia, Mali y Laos nunca hubieran pensado que uno de los suyos les representara en el exclusivo colegio de cardenales. Pero hay que detenerse un poco en el especial caso de Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, quien el próximo 28 de junio recibirá el birrete cardenalicio.

Es un tremendo cambio de paradigma que un obispo auxiliar (no un obispo residencial ni un arzobispo ni un metropolitano) sea elevado a cardenal porque su nombramiento exige una serie de enormes actos de humildad y fraternidad. El primero, de José Luis Escobar Alas, el arzobispo de San Salvador, está obligado a mostrar una humildad tremenda al abrazar y respetar a su propio auxiliar como un cardenal de mayor rango en la Iglesia universal; pero también, Rosa Chávez, deberá mantener, a pesar de su altísimo cardenalato, una humildad ejemplar para continuar en fraterno servicio al arzobispo que sigue siendo el responsable del gobierno de la diócesis salvadoreña.


La “ejemplar humildad” es el mensaje que Francisco envía con claridad meridiana al colegio cardenalicio, a sus primeros consejeros, al grupo de hombres que elegirán al próximo pontífice, pero también a todas las estructuras de la Iglesia católica, desde las más encumbradas hasta las más débiles y mínimas. Diría el genial Miguel de Cervantes: “Tú sabes que la humildad es la base y fundamento de todas virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea. Ella allana inconvenientes, vence dificultades, y es un medio que siempre a gloriosos fines nos conduce; de los enemigos hace amigos, templa la cólera de los airados y menoscaba la arrogancia de los soberbios; es madre de la modestia y hermana de la templanza; en fin, con ella no pueden atravesar triunfo que les sea de provecho los vicios, porque en su blandura y mansedumbre se embotan y despuntan las flechas de los pecados”.

jueves, 25 de mayo de 2017

Sucesión en la Iglesia católica

Luis David Fernández Anaya / Crónica

El actual arzobispo primado de México deberá presentar su carta de renuncia al papa Francisco, esto ha desatado una natural carrera por la sucesión a fin de conducir los destinos de la Iglesia católica en México. Los retos actuales de la Iglesia católica no son ajenos a los que enfrenta el país, es decir, estamos hablando de trabajar a favor de la confianza en una de las instituciones que aunque a algunos no les parezca, han sido pieza importante en la historia nacional.


Por ello, se barajan varios nombres como posibles sucesores, entre los que destacan el cardenal Jorge Carlos Patrón Wong, anterior obispo de la diócesis de Papantla, Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca, Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla y Carlos Aguilar Retes, arzobispo de Tlalnepantla. Lo que estaremos viendo en esta sucesión es también la manera en la que el Papa Francisco ve a México, su vínculo con nuestro país y por supuesto su preocupación de cómo hacer llegar la visión de esa iglesia moderna y modesta, cercana a la gente, sencilla en su trato.

En esta sucesión lo que estará en el imaginario del papa, será aquel personaje que le asegure detener el proceso de descatolización que algunas regiones viven, que le garantice estrategias pastorales que le den nuevos bríos a la iglesia, que garanticen el tacto de esta institución y que eviten actitudes radicales y si de conciliación.

Los próximos diez años para los que será nombrado el arzobispo serán cruciales porque además estarán acompañados de al menos dos procesos de sucesiones presidenciales en nuestro país, y para nadie es un secreto que la iglesia es un líder de opinión no sólo en materia de fe, sino en cuestiones sociales que nos afectan como algunos de los grandes temas actuales.


Por eso, como sociedad, como creyentes o no, la Iglesia católica en México es un referente de opinión, de decisiones en lo colectivo, por lo que no debemos desdeñar su peso e importancia y sí estar atentos a esta sucesión, porque nos puede ayudar a definirnos en los próximos 10 años, pero además es tiempo de crisis social siempre resulta un bálsamo social saber que se puede contar con un apoyo renovado como es la visión del papa Francisco y desde mi punto de vista, de quien mejor representa esa visión renovada de la iglesia católica, es el arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguilar Retes. Que sea para bien.

martes, 23 de mayo de 2017

Como el agua y el aceite

Irene Savio / Proceso

Hacia las ocho de la mañana de este martes 24, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, tiene previsto ir al Palacio Apostólico del Vaticano, la antigua residencia de los papas, que Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, usa ahora para los encuentros formales.


Pocos minutos después, según el programa hecho público por la Santa Sede, el republicano y el pontífice argentino se saludarán y en seguida conversarán en privado, en lo que será el primer encuentro entre el nuevo jefe de la mayor potencia mundial y el máximo representante de la fe de casi mil 300 millones de personas en el mundo.
Así, Trump y Francisco escribirán otro capítulo de una relación obligada por razones de Estado y que, hasta la fecha, ha estado empapada de una antipatía mutua que han manifestado públicamente los dos.
En 2013, recién elegido jefe del Vaticano, Francisco pagó de su bolsillo el alojamiento donde estuvo en los días del cónclave; Trump aprovechó la ocasión para degradar ese gesto mediante un mensaje en Twitter.
“No me gusta ver a un Papa que paga sus cuentas en la recepción de un hotel. Eso no es papal”, tuiteó Trump, un presbiteriano declarado.
Y cuando se le explicó que dicha actitud respondía a la humildad que Francisco pretendía manifestar, él respondió con sarcasmo. “¡Esa es la razón por la que nunca seré Papa!”, opinó el republicano.
            “¡El Papa Francisco es un hombre muy humilde, muy parecido a mí, por eso me gusta mucho!”, continuó luego, en otro tuit, en diciembre de ese año.
El mensaje no era inofensivo, porque, justo ese año, conservadores estadunidenses se habían mostrado críticos con Francisco por sus reproches al sistema capitalista en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium y en otras alocuciones públicas.
“Este hombre viene de Argentina. Y no hay un verdadero capitalismo en Argentina”, llegó a decir el católico republicano Paul Ryan, en una entrevista, en diciembre de ese año, con el diario Milwaukee Journal Sentinel.
En la misma línea, el multimillonario neoyorquino Ken Langone, dueño de Home Depot, declaró públicamente que las opiniones del Papa sobre la pobreza y sus causas habían creado dificultades para la recaudación de fondos para restaurar la catedral de Nueva York.
A partir de ese momento, y en la medida en que aumentaba la visibilidad de Trump en la campaña electoral estadunidense, el enfrentamiento entre los dos se intensificó.
En artículos aparecidos en el portal Breitbart, una plataforma cercana a Trump –su exdirector, Steve Bannon, ahora es estratega en jefe de la Casa Blanca–, llegaron ataques contra el Papa por sus maniobras para acabar con el aislamiento internacional de Cuba y por sus posiciones de apertura hacia los migrantes.
La respuesta de Francisco tardó en llegar, pero fue contundente.
En febrero de 2016, mientras regresaba en avión de un viaje por tierras mexicanas, el Papa llegó incluso a poner en duda la fe cristiana del republicano, por su declarada intención de levantar un muro entre México y Estados Unidos. “Una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no en hacer puentes, no es cristiano”, dijo. “Sobre si aconsejaría votar o no votar, no me meto. Sólo digo: este hombre no es cristiano”.
Ese mismo día la ira de Trump creció hasta acabar en la publicación de un cáustico comunicado. “Que un líder religioso cuestione la fe de una persona es vergonzoso.
El Papa desearía y rezaría por que yo fuera presidente si el Vaticano fuera atacado por el Estado Islámico”.

Fuego cruzado
Desde entonces y hasta su toma de posesión –quizá por recomendación de algún asesor experto en diplomacia–, entre el Papa y Trump no hubo más discusiones de importancia.
Ese 20 de enero, mientras Trump anunciaba órdenes ejecutivas y restricciones para personas de países de mayoría musulmana, la oficina de prensa del Vaticano emitió una alerta.
El Papa enviaba sus “mejores deseos y oraciones” al nuevo mandatario y recordaba que “la familia humana está atravesando por una crisis humanitaria grave que exige respuestas políticas con visión”, se leía en la nota, tan poco habitual que ni en ocasión de la toma de posesión del presidente argentino, Mauricio Macri, se había producido una salutación semejante.
Después la estrategia del Papa fue la de no involucrarse directamente, pero eso no impidió que lo hicieran sus subordinados.
Y todo ello se fue acentuando en la medida en que se iban conociendo los planes –algunos de ellos luego frustrados– de Trump, entre otros su voluntad de construir un muro en la frontera con México, el veto de 120 días al programa de acogida de refugiados de Estados Unidos y la suspensión 90 días de visas para ciudadanos de siete países de mayoría musulmana.
Y llegaron ataques tanto desde Roma como desde las sucursales de la Iglesia Católica en Estados Unidos.
“Solo un análisis muy superficial puede hacer pensar que la lucha contra las deformaciones de una globalización mal gestionada implique el cierre de fronteras o la construcción de muros cada vez más altos”, escribió el 31 de enero L’Osservatore Romano, conocido como “el diario del Papa”.
“Ciertamente, hay una preocupación porque somos mensajeros de otra cultura, de la apertura”, afirmó Angelo Becciu el 1 de febrero, encargado de asuntos generales de la Secretaría de Estado vaticana.
“Es un momento oscuro en la historia de Estados Unidos”, afirmó por su parte el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, al subrayar posteriormente –en carta enviada a los sacerdotes de su diócesis– que sus parroquias no habrían de abrirle la puerta a los agentes de inmigración enviados por el gobierno estadunidense, salvo en casos de amenaza inminente.
“Si ellos no tienen una orden judicial y no hay una situación en la que alguien se encuentra ante un peligro inminente, díganles amablemente que no pueden entrar”, escribió Cupich, según información publicada el 1 de marzo en el Chicago Tribune.
Luego, hace un par de semanas –cuando El Vaticano y la Casa Blanca confirmaron el encuentro entre los dos jefes de Estado–, Francisco volvió a criticar directamente a Trump, luego de que éste usara en abril la llamada “madre de todas las bombas” en Afganistán.
“Siento vergüenza del nombre de una bomba. La han llamado ‘la madre de todas las bombas’, pero la mamá es la que da la vida, y ésta provoca muerte. Y decimos ‘mamá’ a aquel artefacto. ¿Qué es lo que está pasando?”, se preguntó el pontífice.
“El mundo está en guerra: se bombardea, y si hay enfermos o niños no importa. Se tira la bomba”, añadió.

Condenados a entenderse
No obstante, no son pocos los observadores que consideran que Trump y el Papa deberán encontrar una solución de compromiso, pues las decisiones de cada uno afectan al otro y, por otra parte, por las controversias entre ambos sobre cuestiones de geopolítica.
“Lo que es seguro es que a nadie le conviene una relación de hostilidad. Ni al Papa ni al presidente. No tendría ningún sentido. Tienen que encontrar un arreglo”, dice en entrevista Thomas Williams, el jefe de Breitbart en Roma.
“Podrían colaborar en cuestiones relacionadas con Medio Oriente, con la persecución a los cristianos y la libertad de religión, acerca del aborto, quizá sobre la trata de personas, como ocurrió con la administración de Bush”, añadió.
“Es posible que el Papa acepte una relación de mínimos, para evitar el enfrentamiento directo”, coincidió otra fuente, cercana a ambientes vaticanos.
Múltiples intereses conectan desde hace décadas el destino del Vaticano con el de Estados Unidos, un país que, según estimaciones, aporta más de la mitad de los fondos de la Iglesia Católica, seguido por Alemania, Italia y Francia.
Tan es así que una exembajadora estadunidense –quien además es suegra de Thomas Williams–, la conservadora Mary Ann Glendon, es desde 2013 miembro del Banco Vaticano por voluntad de Francisco.
Y también hay una serie de situaciones que involucran a ambos Estados. Una de esas es Venezuela, país en el que El Vaticano ha dado su apoyo público para la mediación entre la oposición y el gobierno de Nicolás Maduro. Otro es el caso de Filipinas, un país de mayoría católica donde Estados Unidos posee una de sus bases militares más grandes en Asia.
Además están los conflictos en Irak y Siria, países sobre los cuales el Papa se mantiene constantemente informado, hasta el punto de que su negativa en 2013 ante un posible bombardeo de Estados Unidos contra el régimen de Bashar al-Asad contribuyó para que no se llevara a cabo. El Vaticano es además uno de los pocos Estados que mantiene abierta una embajada en Damasco desde que empezó la guerra siria.
También en el tema de China los intereses de unos y otros podrían encontrarse en conflicto, puesto que el Papa ha manifestado en reiteradas veces su intención de rebajar la tensión por el añoso conflicto que la Santa Sede mantiene con Beijing, y esto ocurre mientras la voluntad de Trump no es clara respecto de su política hacia ese país.
Otro aspecto es que casi todos los grupos cristianos presentes en Estados Unidos, desde los protestantes hasta los cató- licos, apoyaron en las elecciones de 2016 a Trump –y no a su rival, Hillary Clinton–, según un sondeo, el pasado noviembre, publicado por Pew Research. Pero al mismo tiempo, según la misma fuente, la mayoría de los católicos estadunidenses sigue apoyando al Papa Francisco.

Sin embajador
Que la relación entre la administración de Trump y el Papa no será sencilla lo presagia un hecho: en lo que va de su mandato, el nuevo presidente de Estados Unidos no ha nombrado a su embajador ante El Vaticano.
Además de migración, son muchos los temas en los que ambos tienen posiciones opuestas: el cambio climático, el negocio de las armas y la lucha contra la pobreza, entre otros.
Pese a que la presencia de Trump en la cumbre del Grupo de los Siete (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido), en Sicilia, el viernes 26 y sábado 27, ya había sido confirmada en marzo, apenas la semana antepasada se confirmó su encuentro con Francisco.
“No ha llegado petición alguna de encuentro (entre Trump y el Papa)”, precisaba todavía el 11 de abril el portavoz del Vaticano, Greg Burke.
“Mi primer viaje al exterior como presidente de Estados Unidos será a Arabia Saudita, luego a Israel, y después a un lugar que mis cardenales aman mucho: Roma”, dijo finalmente un sarcástico Trump, el pasado jueves 4, a lo que luego le siguió la confirmación de la oficina de prensa de la Santa Sede.



lunes, 22 de mayo de 2017

¿Quién resguarda la Catedral de México?

Guillermo Gazanini /Periodista Digital
Al transcurrir de los días, la identidad del agresor del padre José Miguel Machorro Alcalá se ha conocido gracias al reconocimiento de ciudadanos que, por la difusión en medios, lo hicieron potosino de Matehuala en aparente estado de incapacidad mental y gamer adicto a los videojuegos de violencia los cuales, en su paranoia, llevó a la realidad para agredir y lesionar gravemente a un sacerdote en la principal iglesia de la Arquidiócesis de México. Mientras, el padre Machorro Alcalá continúa, hasta el domingo 21 de mayo, en recuperación aunque en terapia intensiva por complicaciones en su estado de salud debido a la hemorragia profusa y lesiones propinadas, los pronósticos, en general, parecen optimistas para que salga adelante.


Es importante hacer estas aclaraciones en dos sentidos. Primero sobre la identidad del responsable. Después de la agresión, el linchamiento en redes fue caldo de cultivo del odio porque, aún sin identificar la fuente, se dieron toda clase de versiones sobre atentados para animar al desprecio de otras religiones, argumentos sinrazón, fundamentalismos y cruzadas virtuales incluso de informadores católicos alimentando la pira del odio fanático; abonando a lo anterior, y también condenable, fueron las inverosímiles señales de simpatía por atentar contra un sacerdote como castigo bien merecido por las supuestas culpas y encubrimientos de la Iglesia a la que se le imputan otras acusaciones. Falsa solidaridad indecente y reprobable.

La situación del caso al transcurrir los días suscita muchas preguntas que deberían responderse en orden a la transparencia y por el bien de la víctima. Un análisis distinto merecería la virtual inimputabilidad del agresor y cómo los derechos de la víctima han pasado a segundo plano; sin embargo, la agresión hace pensar sobre la efectiva seguridad en Catedral, si era la apropiada o venía relajándose consecuencia de un desgaste en su control donde podrían confluir varios factores. Quizá el desafortunado incidente traerá aparejado una cascada de soluciones o bien aparecerán los tornillos por apretar de una maquinaria que no debió descuidarse. La cuestión de seguridad no es cosa de pura buena intención y bonhomía, menos cuando se ha sido blanco del odio en diversas ocasiones hasta llegar al punto del derramamiento de sangre:

Qué tan segura era Catedral hasta el lunes 15 de mayo y cómo eran las medidas adoptadas para cuidado de todos sin excepción.

La seguridad de Catedral metropolitana ha pasado por varias facetas hasta llegar a un punto donde podríamos cuestionar su suficiencia y eficacia. Desde luego aquí no vale lo de “después del niño ahogado”. Debido a la agresión del lunes 15 de mayo, la seguridad podría tener un reforzamiento temporal hasta que, pasado el tiempo, las aguas vuelvan al cauce normal, es decir, otro relajamiento de la seguridad. Y la historia de los eventos violentos en ese recinto así parece demostrarlo.

El Servicio de Protección Federal dependiente de la Comisión Nacional de Seguridad de la Secretaría de Gobernación es quien resguarda el bicentenario inmueble. Su objetivo es otorgar servicios de protección, custodia, vigilancia y seguridad de personas, bienes e instalaciones de instituciones gubernamentales o de otras instituciones que lo soliciten. Las funciones preponderantes de este órgano son salvaguardar la integridad y los derechos de las personas, prevenir la comisión de delitos, preservar las libertades, el orden y la paz públicos. En este punto, el lector puede inferir que el servicio tiene la misión primordial de prevenir y disuadir de la realización de cualquier ilícito.

Protección Federal no se da comprometiendo la palabra por un simple apretón de manos para sellar el acuerdo. Debe mediar un convenio o contrato formal de prestación de servicios profesionales de protección y seguridad cobrando las tarifas autorizadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anualmente en el Diario Oficial de la Federación.

El 11 de mayo de 2016 fue publicado el Acuerdo por el que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público autorizó al Servicio de Protección Federal, Órgano Administrativo Desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, las tarifas de productos y aprovechamientos para el ejercicio fiscal 2016. En ese Acuerdo, por hablar del más reciente, se dieron a conocer las tablas de tarifas y servicios a cualquier interesado en contratar el Servicio de Protección Federal conforme a sus requerimientos de seguridad.

Para los particulares, en los que podría quedar una Asociación Religiosa en posesión de un bien público histórico, el servicio de protección y seguridad intramuros y/o extramuros a instalaciones del sector privado prestado por un policía tiene una cuota fija diaria de 788 pesos. Las tablas de precios van ascendiendo hasta lo más oneroso como la supervisión de servicio de protección y seguridad intramuros y/o extramuros a instalaciones del sector privado prestado por un oficial donde la cuota fija diaria es de 1,156 pesos. Si hay uso de vehículos, el costo del combustible está incluido en los precios pactados hasta cierto límite que, de exceder, deberá ser cubierto por los contratantes. Viáticos están cubiertos en el pago de los servicios requeridos.

A raíz de las agresiones a Catedral por simpatizantes de grupos y partidos políticos, el 2 de junio de 2009, quien fuera Jefe del Estado Mayor de la Policía Federal de la extinta Secretaría de Seguridad Pública, solicitó al Comisionado del Servicio de Protección Federal apoyo para garantizar y mantener el orden y la paz públicos en Catedral Metropolitana.

Para tal propósito debería mediar un convenio estableciendo que los servicios de protección serían de manera permanente, los 365 días del año, para salvaguardar la integridad de las personas en general y de los integrantes de la Arquidiócesis de México, lo que se presume hacia la persona del Arzobispo Primado, los integrantes del cabildo metropolitano y de todos los sacerdotes en funciones. A lo anterior se suma otro criterio muy importante, Protección Federal, previo a la firma de cualquier contrato, debe contar con el análisis y dictámenes de riesgos correspondientes mismos que se realizan en los lugares de los solicitantes para identificar amenazas y vulnerabilidades ante eventos que pudieran comprometer la seguridad de personas, instalaciones e inmuebles que el servicio pretende resguardar.

Durante la revisión de la Cuenta Pública 2011, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló que a Catedral se le habían asignado veinticuatro elementos; sin embargo, no medió contrato ni contraprestación alguna para la protección del histórico inmueble y de las personas contraviniendo las reglamentaciones relativas a la exigencia del contrato que fijara los pagos respectivos por lo que habría una irregularidad de parte de la autoridad.

A la fecha, según declaraciones del vocero de la Arquidiócesis de México publicadas en El Universal el 17 de mayo, eran seis elementos de Protección Federal quienes protegían Catedral. Igualmente es de destacar que, de acuerdo con el también canónigo, se solicitarían agentes más profesionales en la seguridad: “Los elementos que tenemos actualmente son de muy buena voluntad, pero creo que les falta capacitación”, dijo a medios de comunicación.

Otro tema es el de los videos los cuales se aseguró existían como testimonio de la agresión contra el padre Machorro; sin embargo, según algunas versiones periodísticas, los peritos del caso se irían con calma “para evitar errores” ya que las cámaras del lugar estaban inhabilitadas. Ahora se sabe que las instalaciones no son apropiadas para esos instrumentos de vigilancia. Las dudas son: ¿Por qué no se dio una instalación de calidad para perdurar según los protocolos de seguridad? ¿Quiénes son responsables del mantenimiento? ¿Por qué ha tardado en reiniciar la operación del sistema cuando esto es de suma importancia? Las cámaras de video-vigilancia fueron colocadas en ocasión del visita del Papa Francisco en febrero de 2016 y, en las paradojas del caso, mientras los equipos litúrgicos presumieron que hasta los acólitos del servicio del altar dominical llevarían cámaras para que los espectadores observaran de cerca el culto divino, por otro lado no estaba garantizado el flujo continuo de imágenes para la seguridad del recinto sin importar la hora o dignidad de los celebrantes y feligreses, grabaciones que, de haberse logrado, pudieron arrojar mayores elementos en cuanto a los movimientos del sujeto que lesionó al padre Machorro.

El incidente de Catedral queda en la historia como uno de las más lamentables particularmente por el estado de cosas que tenemos en cuanto a la violencia rampante donde, personas y lugares de culto, no se salvan de la rapiña y las agresiones directas contra la integridad y vida de clérigos y fieles.

En Catedral de México debieron operar técnicas y protocolos de seguridad permanente como factores de prevención y disuasión del delito porque se han hecho análisis de riesgos en ese lugar histórico, no sólo de reacción ante la efusión de sangre. Que los servicios de emergencia hayan respondido de forma inmediata es lo mínimo que se esperaría ante cualquier eventualidad y que, afortunadamente, salvaron al padre José Miguel Machorro, eso mismo agradeció el Arzobispo de México esta tarde en la misa dominical, pero la reacción era lo último a realizar, disuadir y prevenir, lo primero. En Catedral no bastó la buena fe. Y eso puso una vida al borde de la muerte.