miércoles, 18 de abril de 2018

¡Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro!


Santiago Vieto /GaudiumPress

Con la elocuencia y Sabiduría Divina que dimana de las Sagradas Escrituras, dice el libro del Eclesiástico, 6:14 : "Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro".
Un verdadero amigo es ciertamente un tesoro, porque pocas cosas en el mundo tienen tanto valor y pueden ser tan estimadas y buscadas. Pero también indudablemente es un tesoro por su escasez, y la extrema dificultad de hallarlo.
Como todos sabemos, los tesoros de verdad no se encuentran a la vuelta de la esquina... Muchos han sido los exploradores que han dedicado una vida a la búsqueda de tesoros materiales y después de escrutar impenetrables selvas, mares infinitos, desiertos exhaustivos, desde las más altas cordilleras hasta las profundidades de la tierra, han encontrado solo el fracaso y la decepción.
Pero sin embargo nuestra sociedad cibernética, superficial, instantánea y egoísta, nos hace creer que tenemos la capacidad de encontrar miles de supuestos "amigos" al alcance de un click, como sucede por ejemplo en las redes sociales... Algo ridículo sin duda, una especie de parodia, que desvaloriza a más no poder algo tan sublime como la amistad.
Quizás vislumbrando nuestra decadente época preconizó el sabio Aristóteles: "No tiene ningún amigo el que tiene demasiados amigos."

Falsos Amigos
En un mundo que parece dar la espalda cada vez más a la luz de la razón y del sentido común, para adentrarse en las densas tinieblas de la confusión ideológica y de la vacuidad sin principios, muchas palabras parecen poco a poco perder su verdadero significado, haciéndose plásticas, insípidas y hasta putrefactas. Tristes ejemplos de esto, las palabras: Amor, Igualdad, Equilibrio, Paz, y por qué no decirlo la palabra Amistad.
El instinto de sociabilidad en muchas ocasiones puede ser incluso más fuerte que el de conservación, y es por esto que una persona es capaz de hacer lo que sea por miedo al qué dirán los demás... Se llega a estar dispuesto a sacrificar la salud, la integridad moral, la vida incluso, con tal de no tener que enfrentar las burlas de los circundantes. Muchos ejemplos se podrían dar al respecto, pero quizás no haga falta, ya que todos vivimos en carne propia lo que es la presión del mundo, en los más variados ambientes.
Y en este contexto en que nuestra sociabilidad nos impulsa a buscar a toda costa la aceptación de los demás vemos ser profanada la palabra amistad constantemente...
En nombre de la "amistad" muchos se hacen cómplices en el pecado e incluso conspiran contra el bien, en nombre de la "amistad" algunos mediocres con sus palabras cargadas del nefasto veneno de la superficialidad y el relativismo piden a los que desean ser buenos no ser tan radicales, ser "prudentes" y no cortar los vínculos con el mundo.
Por eso el famoso escritor romano Cicerón muy sensatamente decía que: «La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas, y sólo cosas honradas hacer por ellos».
Puede que incluso dos o más personas tengan una gran afinidad temperamental, gustos muy similares, y sientan un agrado especial en pasar tiempo juntos... Sin embargo se engañan tontamente si solo por esto se consideran amigos.
Cualquier persona es capaz de compartir alegrías con quien tiene afinidad, incluso consolarse en las tristezas, y muchas veces sin darse cuenta utilizarse de esta "amistad egoísta" por puro interés, pero en este caso nunca llegará a ver más allá de lo exterior.
El interior, lo que pasa dentro de cada uno, las luchas, las alegrías profundas, los designios de Dios hacia cada alma, eso es lo que le interesa a un verdadero amigo.
"A las personas les interesa nuestro destino exterior; el interior, sólo a nuestro amigo". Heinrich von Kleist
¿Cuántos jóvenes, cuántas vocaciones religiosas por ejemplo, se pierden hoy en día porque dan oídos a supuestas "amistades" que les hacen retroceder en sus buenos propósitos, y porque no tienen la valentía de enfrentar el aislamiento y el rechazo de sus pares por amor a Dios?
Es por eso que la palabra amistad cuando es falsa, se convierte en una de las más poderosas armas del mal... sutil, interesada, camuflada, penetrante, que puede matar poco a poco o de un solo golpe, y al final de cuentas es siempre mortal.


La Amistad Verdadera
"La amistad es tan verdadera y tan vital que en el mundo no se puede desear nada más santo y ventajoso". decía San Agustín.
Y es por esto que es de suma importancia que todos tengamos muy claro en qué consiste entonces la verdadera amistad.
Explicaba de forma magistral el Dr. Plinio Correa de Oliveira: "La amistad resulta de afinidades profundas y de la necesidad de establecer una convivencia que no es la de cualquier hombre con otro cualquiera, sino la de este hombre con alguien, en virtud de las peculiaridades que ambos poseen y que hacen que se comprendan y se estimen más definidamente...
...El verdadero sentido de la amistad es el encuentro de las almas en el fondo más espiritual y religioso de sí mismas; las cosas repercuten sobre ellas del mismo modo, y se da entre ellas algo que es como una unión, una como que fusión.
Se realiza aquella expresión de la Escritura: un amigo que ama a otro como su propia alma (cf. 1 Re. 18, 1; 20, 17). El papel de la amistad es ése."
Entonces vemos que la verdadera amistad es aquella que se da en función del amor de Dios, y que por lo tanto, quien no ama a Dios realmente, jamás podrá ser un verdadero amigo.
Un verdadero amigo nunca nos apoyará en el error, si no que será el primero en corregirnos, en abrirnos los ojos ante la realidad y hacernos ver nuestros defectos.
«Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos». San Martín, obispo de Tours, 316-397.
Un amigo real es aquel que conoce nuestras miserias, que sabe todo sobre nosotros, y aún así nos ama.
"La verdadera amistad llega cuando el silencio entre dos transcurre amenamente". Erasmo de Rotterdam

Unión al servicio de un ideal
Pero algo que podríamos llamar Suprema Amistad, solamente se da cuando dos o más personas se unen al servicio de un ideal.
Y esto puede surgir en los más diversos ámbitos, por ejemplo: dos esposos que se unen con el ideal de santificarse y formar una familia católica, o en la unión de un batallón de soldados que juntos están dispuestos a sacrificar su vida por una causa justa.
Pero el ápice de la amistad se da en lo que conocemos como la comunión de los santos.
Esa unión que encontramos en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia es algo insuperable.
En este contexto encuentran mucho significado las palabras del antiguo Séneca: "Sabe que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo".
Pues por la comunión de los santos una persona que se santifica, hace bien y eleva el resto del Cuerpo Místico.
Y aquí encontramos algo maravilloso. Existen personas que por sus oraciones y sacrificios se han hecho verdaderos amigos nuestros sin siquiera conocernos.
Unidos no lo son necesariamente aquellos que están juntos, sino los que miran hacia un mismo punto en el horizonte.
La distancia física no es tan importante aquí, sino que lo que determina la verdadera amistad es el ideal por el que se unen las almas.
¿Ahora, donde podemos encontrar la amistad de manera absoluta?
La amistad con todas las mayúsculas ya no es más un ideal, sino una persona que también es Dios, y que amó tanto la humanidad, que vino a la tierra a dar la vida por sus amigos.
¡Dichosos aquellos que encuentran ese tesoro, pues les será motivo de felicidad inagotable por toda la eternidad!

martes, 17 de abril de 2018

¿Cuál es la novedad de ‘Gaudete et exsultate’?


Mateo González Alonso / Me lo pregunto
 
Los críticos
Ha pasado una semana desde que viese la luz la última exhortación apostólica firmada por el papa Francisco: ‘Gaudete et exsultate’. Un documento de 42 páginas, organizado en 177 puntos distribuidos en cinco capítulos. El tema: la actualidad de la llamada a la santidad. Hasta aquí no se encuentra ningún elemento disonante. No es una exhortación que parezca levantar las suspicacias de canonistas o moralistas por sus innovaciones.


Sin embargo, las críticas desde el fuego amigo no se han hecho esperar desde el primer día –aunque puede que sin la virulencia de las que recibió ‘Amoris Laetitia’–. Es incuestionable que el tema abordado por el pontífice es del todo legítimo y pertinente. La santidad es uno de los temas clásicos de la historia de la Iglesia. Para quienes acusan a Bergoglio de echarse en brazos de Lutero, la santidad como objetivo de la vida cristiana está totalmente dentro de las insistencias católicas. Frente a los que sospechan del inmanentismo o el uso de los esquemas del materialismo histórico que calaron en la teología de la liberación por parte del Papa argentino, la llamada a la perfección como elemento constituyente de la vocación cristiana nos sitúa desde el principio en un claro horizonte de trascendencia.

Los escépticos
A pesar de que el tema está dentro de la doctrina clásica y el enfoque seguido por el documento profundiza en el ‘aggiornamento’ del Vaticano II, hay también quien parece rechazar la exhortación por la ausencia de novedad de lo expuesto. Minusvalorando la presentación del documento en la Oficina de Prensa del Vaticano sin ningún capelo cardenalicio a la vista, establecen listas de escritos del pontífice –incluso en su época bonaerense– o de homilías de San Marta para presentar el documento como un refrito de textos previos que se presentan en un compendio carente de toda originalidad.
Sin entrar en el contenido propiamente dicho, hay quien se queda elementos que no llegan a ser periféricos como la ausencia de nombramiento de los escritos de san Josemaría Escrivá o el hecho de que cite a Xavier Zubiri, cuya propuesta teológica sería demasiado compleja para un Papa tan divulgador y que habla del “vecino de la puerta de al lado”.
El análisis de las herejías contemporáneas contra las que advierte el Papa, como el “pelagianismo” o el “gnosticismo” que pueden estar muy presentes en la vida de muchos católicos, es una de las partes favoritas de quienes se congratulan de las declaraciones de eclesiásticos que tildan a Francisco de hereje. Como si de una infantil rabieta se tratara, se acercan a la exhortación apostólica como si esta fue un material arrojadizo con el que saldar cuentas pendientes o vendettas personales con los críticos de siempre.
¡Pues menos mal que el documento invita a la santidad de vida! Parece un claro ejemplo del pasaje evangélico de la “paja en el ojo ajeno”.

La mirada limpia
Sin embargo, la mayoría de los católicos –y de los medios– se han acercado a la exhortación y han descubierto un texto estimulante, que ayuda a vencer resistencias personales e institucionales, que conecta la fuerza de la misericordia con la vida según las bienaventuranzas, que transforma la apologética impositiva que dominó un periodo en una renovada propuesta de las virtudes que necesita el mundo actual, que invita a la alegría y el buen humor de quien ha tenido una auténtica experiencia de fe y aspira a ser cada día un poco mejor.
La oración, la vida en comunidad, la liturgia, el contacto con el Evangelio, la fuerza de la cruz ante quienes rechazan la fe son, hoy como ayer, los medios de santificación ordinaria. ‘Gaudete et Exultate’ intenta insuflar el espíritu necesario para seguir la senda de la santidad.
Una cita para acabar: “mirar y actuar con misericordia, esto es santidad” (núm. 82). Incluso con los más críticos y escépticos entre las filas eclesiales.


lunes, 16 de abril de 2018

Elecciones de 2018 y los mesías


Antonio Maza /Signis

Frente a las elecciones de 2018, se ha desarrollado una generación de candidatos mesiánicos. Y no solo el bautizado por Enrique Krauze, como el Mesías Tropical (usted sabe quién). Con el debido respeto para Don Enrique, una de las grandes mentes mexicanas de los siglos XX y XXI, creo que hay varios mesías más.


Al más alto nivel, tenemos además a un mesías tecnócrata, un mesías joven, una mesías femenina (no necesariamente feminista) y últimamente un mesías norteño. Y otros muchos más entre los miles de puestos sujetos a las elecciones de este año.

Con el debido respeto a cristianos y judíos, reconociendo que hay muchas fallas en la comparación, veo varios puntos en común entre los mesías históricos y los actuales: Una fe inquebrantable en su misión y en sus capacidades. Piden lealtad absoluta y su enseñanza no está a discusión. Tienen capacidad de hacer milagros y no necesitan explicar cómo los van a hacer. Y, en muchos casos, ellos son el criterio de lo que es verdadero.

Nuestros candidatos cubren muy bien ese perfil. Ellos tienen la solución para todos los problemas del País. Nadie más; los otros están equivocados. Las soluciones dependen, fundamentalmente, de su voluntad. Y, además, son gratuitas. Ninguno nos dice cuanto costarán sus propuestas. Por supuesto, no importa cuanto sea el costo, no saldrá de la bolsa de los contribuyentes, gracias a su honesta y estupenda administración. Sin importar, por supuesto, la capacidad y honestidad de sus colaboradores. O la falta de ellas.

Yo, como ciudadano, preferiría ver candidatos menos sobrados, más conscientes de sus limitaciones y que nos digan cuanto costarán sus magníficas soluciones y cómo se van a pagar. Me encantaría ver candidatos que reconocieran sus limitaciones y que nos dijeran que, de ser electos, se asesorarían con los mejores especialistas y expertos en esas materias. Y que dijeran que se rodearían de ayudantes que los superarían en algunos aspectos. Siguiendo el criterio de que los dirigentes de primera contratan ayudantes de primera y que los dirigentes de segunda contratan ayudantes de tercera.

Uno de los grandes estadistas del siglo XX, Wniston Churchill, cuando asumió el puesto del primer ministro del Imperio Británico en la segunda guerra mundial, dijo a la ciudadanía: “No tengo más que ofrecer que sangre, sudor y lágrimas”. Ya parece que nuestros candidatos tendrán el valor y la confianza en sí mismos para decirnos que nuestro país solo saldrá adelante con gran esfuerzo, que nos costará a los contribuyentes porque hay daños importantes y que, desgraciadamente, seguirá habiendo dolor y lágrimas. Porque no hay un camino gratuito y sin dolor. Pero dudo mucho que nos digan algo así. Siempre será más fácil jugar al mesías.