martes, 26 de septiembre de 2017

Pecado de omisión ante la tragedia

Templo Mayor / Reforma 

¿POR QUIÉN doblan las campanas? 

Están doblando por la propia Iglesia Católica, pues parece haberse quedado muda ante la tragedia que dejó el sismo en la Ciudad de México.

SI BIEN Norberto Rivera se dio su vueltecita por los lugares siniestrados, a diferencia de otras emergencias, esta vez se ha visto muy poca presencia, ya no se diga protagonismo, por parte de la Arquidiócesis metropolitana en lo que se refiere a la atención a víctimas.

HAY quienes dicen que el pecado de la jerarquía católica es de omisión, pues andan en un limbo en el que el Cardenal no acaba de irse y el Papa sigue sin nombrar a su relevo. ¡Amén!

lunes, 25 de septiembre de 2017

Si me equivoco corríjanme. Las siete herejías de “Amoris laetitia”

Sandro Magister / L'Espresso

“Santo Padre, Con profunda aflicción, pero impulsados por la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, por el amor a la Iglesia y al papado y por la devoción filial hacia Usted, nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’ y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad”.


Así comienza la carta que 40 eruditos católicos de todo el mundo han entregado al papa Francisco el pasado 11 de agosto y hacen pública desde hoy, domingo 24 de setiembre, en el sitio web www.correctiofilialis.org
En el ínterin, los 40 firmantes han llegado a ser 62 y se podrán agregar otros. Pero hasta ahora Francisco no ha dado ninguna señal de haber tomado en consideración el paso que han dado.
Un paso que no tiene igual en la historia moderna de la Iglesia. Porque es al lejano año de 1333 que se remonta el último precedente análogo, es decir, una “corrección” pública dirigida al Papa a causa de las herejías sostenidas por él, luego efectivamente rechazadas por el Papa de entonces, Juan XXII.
Las herejías denunciadas por los firmantes de la carta son siete. Y a su juicio todas contenidas en el capítulo octavo de la exhortación apostólica “Amoris laetitia“, del cual se citan los pasajes cruciales.
Pero no sólo allí. La carta detalla también una serie de posteriores palabras, hechos y omisiones con los que el papa Francisco habría propagado ulteriormente esas mismas herejías, dando con ello “escándalo a la Iglesia y al mundo”.
De allí la decisión no sólo de denunciar públicamente este estado de cosas, sino también de dirigir al papa Francisco el pedido explícito de corregir los errores “sostenidos y propagados por él, para un grave e inminente peligro de las almas”.
La “correctio” verdadera y propia, escrita en latín, ocupa poco más de una página de las 26 de toda la carta, y es reproducida íntegramente más abajo, en las traducciones que han hecho los mismos autores.
A propósito de los cuales se dice que, en la carta entregada al Papa, las firmas están colocadas no al final del texto sino inmediatamente después de la “Correctio” y antes de la larga “Dilucidación” final, que en consecuencia tiene un valor más accesorio que sustancial. Ésta última insiste en el trasfondo teológico de las herejías denunciadas y lo individualiza en el “modernismo” y en la influencia del pensamiento de Martin Lutero, por quien el papa Francisco – se lee – denotaría “una simpatía sin precedentes”.
Entre los 62 firmantes, detallados más abajo, los 40 que han suscrito la carta entregada al Papa están señalados en negrita.
Y entre las firmas que se han agregado a continuación aparece también la de un obispo, el único. Es Bernard Fellay, superior de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, es decir, de los lefebvristas.
Su firma podría crear efectivamente más dificultades al papa Francisco que las que no le procura la carta, por la que hasta ahora ha manifestado indiferencia.
En efecto, el hecho que Fellay reconozca a Francisco siete veces como herético,  hace difícil, si no imposible, esa reconciliación práctica que el mismo Francisco ha mostrado muchas veces querer apresurar con los lefebvristas.
Volviendo a los 40 primeros firmantes, hay entre ellos dos de los seis eruditos reunidos en Roma el pasado 22 de abril para el seminario de estudio sobre “Amoris laetitia”, recordado por el cardenal Carlo Caffarra en su última – y no escuchada – carta al papa Francisco.
Los dos son Claudio Pierantoni, profesor de filosofía en la Universidad de Chile, de Santiago de Chile, y Anna M. Silvas, australiana, especialista en los Padres de la Iglesia y docente en la Universidad de Nueva Inglaterra.
Di Pierantoni, Settimo Cielo publicó el 14 de setiembre ppdo. una nota que terminaba de este modo:
“Es sumamente necesario y urgente que aparezca finalmente alguna especie de corrección ‘formal’ o – quizás podría ser mejor – ‘filial’ al Papa. Y quiera Dios conceder al Santo Padre un corazón abierto para oírla”.
Mientras que de Anna Silvas se recuerda que en el seminario del 22 de abril se manifestó escéptica respecto a la voluntad del papa Francisco de aceptar una “corrección”.
Más bien propuso para la actual era post-cristiana una “opción Benedicto”, inspirada en el monacato frente al derrumbe de la Antigüedad, un humilde y comunitario “morar” en Jesús y el Padre (Jn 14, 23), animado por la confiada espera, hecha de oración y trabajo, que cese la tempestad que perturba hoy al mundo y a la Iglesia.

Texto completo: http://magister.blogautore.espresso.repubblica.it/2017/09/24/si-me-equivoco-corrijanme-las-siete-herejias-de-amoris-laetitia/?refresh_ce


viernes, 22 de septiembre de 2017

Los jóvenes mexicanos, motor de la reconstrucción

David Marcial Pérez / El País

Diego Sáez nunca había tomado de las manos a una persona desencajada por el dolor, se había sentado junto a ella para ayudarle a sentir que la tierra ya no se movía, y sin soltar sus manos, nunca había guardado un silencio cálido y envolvente mientras esa otra persona aullaba de angustia y desesperación. Diego Sáez, 23 años, estudiante de diseño gráfico en una universidad privada y vecino de Polanco, una de las zonas más acomodadas de Ciudad de México, lleva desde este martes volcado en ayudar a los demás. Como él, decenas de miles de jóvenes están protagonizando una formidable y masiva demostración de solidaridad que ha llegado a desbordar las necesidades de ayuda ciudadana después del terremoto. Muchos de estos jóvenes, esa generación sobre la que planea la sombra sociológica de la apatía y ensimismamiento digital, están viviendo además su primera experiencia de acción colectiva, de trabajo para y con el otro.


“Lo siento como un deber”, dice Sáez tres días después del sismo de 7.1 que a su paso por la capital ha dejado más de un centenar de muertos, decenas de edificios derruidos y una punzante sensación de vulnerabilidad. “No es por algo patriótico, no hago esto por un sentimiento mexicano. Lo que me mueve es ver a la gente sufriendo, han perdido su casa, tienen familiares muertos y siento que si no colaboro esto solo puede ir a peor”, dice apurando el paso por una calle de Condesa, uno de los barrios más afectados. Le acompaña otro puñado de jóvenes –todos veinteañeros–, armados con chalecos naranja reflectante, cascos y su nombre, su número de teléfono y su grupo sanguíneo escrito en el brazo. Son las brigadas de apoyo, grupos autorganizados y autónomos que desde el primer día del temblor recorren la ciudad descargando coches con víveres y medicinas, limpiando cascotes o poniéndose al servicio de los grupos de rescate profesionales en las zonas más golpeadas.

“Somos un país unido. El pueblo se ha levantado y los jóvenes estamos aquí para ayudar”, dice desde otro punto de la ciudad Eli Ferrán, estudiante de bachillerato de 18 años. “El Estado no está respondiendo a esta tragedia, somos nosotros los que estamos dando la cara”, defiende Monsterrat González, 24 años. “El terremoto ha demostrado que hay mucha fuerza civil pero falta organización. Nuestro sistema político es muy deficiente en términos de organzación social. Podríamos hacer mucho más, pero toda esta energía se pierde por culpa de los políticos. Es lo mismo que pasó en el otro terremoto, el de 1985. Mi papá estuvo ahí y ahora me toca a mí”, apunta Cesar Deciga, 22 años, estudiante de Historia en la UNAM.

Reproches y desconfianza ante las instituciones, empatía movilizadora frente al dolor ajeno y el ejemplo inspiracional de otra generación, la de sus padres, que vivió una catástrofe similar pero aún más devastadora. Aquel terremoto de hace 32 años dejó 10.000 víctimas y un sentimiento de desamparo institucional marcado a fuego en el imaginario colectivo: "Porque si el mundo no se vino abajo / en su integridad sobre México / fue porque lo asumieron / en sus espaldas ustedes", escribió días después el poeta José Emilio Pacheco.

México, como toda América Latina, es un país joven. Casi una tercera parte de la población tiene menos de 30 años, mientras la envejecida Europa apenas llega al 15%. Los cauces de participación juvenil política y social son sin embargo mucho más estrechos. Apenas el 5% está implicado en alguna organización y los índices de desconfianza hacia las instituciones políticas, atravesando todo el espectro de edad, son abrumadores, según datos instituto estadístico mexicano.

“La respuesta al sismo de los jóvenes no es una anomalía. Lo que sucede es que ahora estamos ante un momento explosivo que está visibilizando el trabajo diario de mucha parte de esa generación millenial que tiene una forma particular de organizarse: distribuida, horizontal, sin voceros, ni líderes. Se trata más bien de un problema de diagnóstico por parte de las estructuras tradicionales de la democracia representativa y los medios de comunicación, que al no percibir a un presidente de los jóvenes, deducen automáticamente que no participamos en la vida pública”, sostiene Antonio Martinez, 33 años, periodista y cofundador de Horizontal, un centro de activismo cultural y político.

En ese mismo espacio, en el corazón de la Roma, otro de los epicentros del golpe, se reunen cada día una media de 50 personas para dar vida a un hub de información. Periodistas, programadores y desarrolladores web han levantado un mapeo geolocalizado de los puntos de mayor necesidad en medio de la catástrofe, que está siendo usado incluso por el Gobierno estatal. Nadie en el equipo supera los 35 años. La inteligencia colectiva y digital puesta al servicio público.

“Las jovenes generaciones sí estan dispuestas a involucrarse pero no del modo tradicional, no dentro del sistema corporativista y vertical heredero de la hegemonía priista. Ante un vacío de organizaciónes políticas o sociales, con una legitmidad lastrada por la corrupción y la impunidad, estamos constatando que desean tener presencia social. Buscan dotarse de un sentido de colectividad y apoyo mutuo, sentirse vivos políticamente”, apunta Manuel Gil Antón, investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México (Colmex).

“Creo que somos una generación que está buscando su sentido. Si nos comparamos con la que vivió las revueltas estudiantiles del 68, por ejemplo, creo que estamos un poco perdidos y es verdad que somos individualistas- reflexiona el estudiante de Historia de la UNAM- Quizá nos falta tiempo, pararnos a pensar y a sentir lo que está pasando a nuestro alrededor”. Los grandes centros univesitarios del país han cerrado durante toda la semana.

El acontecimiento sísmico ha abierto una brecha en la tierra y en el tiempo. No solo para los jóvenes universitarios. Entre los voluntarios, también se presentaron medias cuacharas, como se le llama en México a los peones o aprendices de oficios. Adolescentes que ya trabajan de albañiles, electricistas, fontaneros, que ganan apenas 50 pesos diarios (poco más de dos euros) y que cuando pase el fervor solidario siguieran cobrando lo mismo.


“Somos un país con una capacidad muy rápida para la acción y la protesta, pero nos cuesta mantenerla para que los procesos colectivos duren en el tiempo”, señala el académico del Colmex, que pone como ejemplos la campaña estudiantil Yosoy132 o el movimiento generado tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. “No creo que esta vez sea diferente. Los jóvenes volverán a sus normalidad pasados unos días porque no hay estructuras organizativas. En todo caso, el deseo está siendo genuino”. Y para remachar su análisis cita una frase que le dijo estos días un alumno: “Profe, ojalá hubiera habido más derrumbes para haber ayudado más”.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Opinión: Es válido llorar, pero haz valioso tu llanto

P. Eduardo Lozano /SIAME


A TODOS NOS LLEGAN las ganas de llorar –ni quién lo dude– y lo hacemos para que el corazón descanse, para curar las heridas del alma, para que se suavice el dolor, para que desaparezca el sin-sentido; también lo hacemos como rechazo a la injusticia, lloramos como protesta y reclamo; lloramos porque el corazón humano se hace un nudo de sentimientos y acaso se deshacen con las lágrimas… VUELVE A CONMOCIONARNOS –en la CdMx y en tantos otros lugares del centro del país- el terremoto con su fuerza devastadora, con su crujir impactante, con una lógica que escapa a toda previsión; y no se mueve sólo la tierra y todo lo que en ella halla cimiento y seguridad, también tiembla el horizonte humano y las bellas expectativas que todos nos hacemos de un futuro mejor, de una paz sin fin, de una bonanza espléndida… VEO QUE SE REMUEVE –también– la indiferencia y la lejanía de unos y otros; veo que se cimbra y se viene abajo la autosuficiencia y las distinciones que sólo empalagan el “ego”; se derrumba la desconfianza ante el dolor humano y se viene abajo el desdén con que luego nos tratamos los que somos “muy diferentes”… LLEGÓ UNA VEZ MÁS el terremoto y nuestras previsiones –muy humanas y muy técnicas– sencillamente se quedaron chiquitas: somos frágiles y –muchas, muchísimas veces– descuidados; tú y yo –y todos– sabemos que al cabo unos días, meses o años, volverá nuevamente el terremoto, y esto lo digo no porque me guste ser profeta de desgracias ni porque nos resignemos a la fatalidad, no… AQUÍ LES QUIERO CONFESAR que muy rara vez –y con dificultad, por cierto– llego a llorar, y no es que me haga fuerte o que no me duela qué cosa, tampoco es que sea indiferente o frío; quiero confesar –y que nadie me lo tome a mal– que cuando falleció mi padre apenas un par de lágrimas se escurrieron como por descuido, y cuando mi madre faltó te aseguro que ni lloré… CUANDO DE PLANO mis ojos causan inundación automática es cuando veo la cercanía de dos corazones en un amor puro y sincero, cuando una mano se abre a causas nobles y grandes, cuando se vienen abajo los pretextos y sencillamente hay alguien que se entrega a otro para que viva y crezca, para que nazca el perdón y se vuelva a la paz… HE VISTO Y COMPRENDO las lágrimas de quienes lloran a sus seres queridos, de quienes han perdido un patrimonio logrado a base de tanto esfuerzo; me uno de corazón a las lágrimas de quienes ven truncada la vida de sus hijos pequeños y quisiera compartir con ellos al menos un poco de fortaleza y no siempre me es posible… LO QUE AHORA PUEDO –y es lo que hago– es participarles que las muchas ocasiones en que mis ojos lloran es porque constato la grandeza del corazón humano que está dispuesto al heroísmo, lloro de emoción por el bien del que somos capaces, lloro con el gusto que viene de sentir el calor que brota de un corazón que late por otro… NO ME GUSTA –y no me sale– llorar por coraje o decepción, más bien lloro cuando veo que alguien supera con nobleza mi triste cobardía, cuando constato la fraternidad humana sin más, de ahí que llego a decir que tengo lágrimas cálidas, que tengo lágrimas de nube –como de una lluvia suave– que necesitan caer en tierra para que la semilla germine en nuevas y coloridas flores; me gusta llorar por gratitud y no por reclamo, me gusta llorar recordando tantas y tantas cosas bellas que hicieron nuestros mayores, me gusta llorar con el ánimo de dejar un mundo mejor a los que vienen detrás de nosotros… MUCHO LAMENTO la imprudencia de algunos medios de comunicación que no han sabido portarse a la altura con que los ciudadanos –en general– nos enfrentamos a la catástrofe, pues resaltan la morbosidad con sus comentarios y notas menos que pálidas, cuando persiguen la noticia estorbando el rescate, cuando en lugar de dar esperanza se quedan en un tremendismo… UN APLAUSO A MILITARES y marinos que bloquearon varios “drones” de periodistas que con su ruido entorpecían labores de rescate: ¡era necesario un silencio absoluto para escuchar a los sobrevivientes entre los escombros, y los tales periodistas sólo buscaban su “nota” cargada de imágenes morbosas!... EN MOMENTOS COMO ESTOS es necesaria la esperanza, es indispensable la fortaleza, es insustituible la fe que nos levanta; así que si vas a llorar, te invito a que lo hagas por encima del dolor y la muerte, por encima de la impotencia y la queja; lloremos con el anhelo de una fraternidad a prueba de temblores, lloremos sabiendo que en el corazón humano hay más capacidad para el bien que ganas para hacer el mal, lloremos al ver tanta solidaridad y generosidad que se desborda para los que llegan a ser hermanos nuestros por el dolor y la necesidad, más que por el parentesco o la raza… JESÚS LLORÓ POR LÁZARO, y con decisión y conmovido llegó hasta el sepulcro, mandó remover la piedra, elevó su oración a Dios dándole gracias, y luego ordenó con fuerte voz: ¡Lázaro, sal fuera!; el resto del pasaje tal vez lo conoces (está en Jn 11) por eso te invito a llorar como Jesús: conmovido, agradecido, decidido a dar la vida y actuando con valor; lloremos como Jesús lo hizo y pidamos su fuerza para salir de nuestros sepulcros…